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Creciente preocupación en la Fed por el conflicto iraní



Contents
  1. El cambio de tono dentro de la Reserva Federal
  2. Las voces que advierten sobre una inflación que podría prolongarse
  3. La influencia del conflicto en el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento
  4. El riesgo de una nueva ola inflacionaria
  5. Las proyecciones inflacionarias continúan bajo estrecho seguimiento
  6. El complejo reto de armonizar la inflación con el crecimiento económico
  7. Los mercados financieros permanecen alerta ante cualquier indicio
  8. Una política monetaria cada vez más condicionada por la geopolítica

El conflicto en Medio Oriente está comenzando a alterar las perspectivas económicas de Estados Unidos y a intensificar las tensiones dentro de la Reserva Federal. La persistencia de la inflación, el aumento de los costos energéticos y las interrupciones en las cadenas de suministro están complicando las decisiones sobre las tasas de interés.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está provocando impactos cada vez más notorios en la economía mundial y, en especial, en la política monetaria de Estados Unidos, transformándose de un conflicto que en un inicio parecía tener efectos económicos acotados en una creciente fuente de inquietud para quienes buscan contener la inflación en ese país.

Dentro de la Reserva Federal comienzan a surgir diferencias más marcadas sobre cuál debe ser la respuesta adecuada frente al nuevo escenario internacional. Algunos funcionarios consideran que las presiones inflacionarias podrían mantenerse bajo control y permitir futuros recortes de tasas de interés. Otros, en cambio, advierten que el conflicto podría provocar un repunte más persistente de los precios y obligar incluso a endurecer nuevamente la política monetaria.

En un periodo particularmente sensible para la economía estadounidense se desarrolla la discusión, pues, aunque la inflación ha disminuido algo en comparación con los picos registrados en años anteriores, aún se mantiene por encima del objetivo oficial del 2 % establecido por la Reserva Federal.

El conflicto prolongado en Irán agrava aún más ese escenario, repercutiendo en los mercados energéticos, encareciendo las materias primas y sumando nuevas presiones a las cadenas globales de suministro.

El cambio de tono dentro de la Reserva Federal

Cuando los funcionarios de la Reserva Federal se reunieron a mediados de marzo, pocas semanas después del inicio de la guerra, el presidente del banco central, Jerome Powell, mantenía un tono relativamente optimista respecto al impacto económico del conflicto.

En ese momento, Powell planteó que los efectos inflacionarios serían probablemente pasajeros y se concentrarían sobre todo en el ámbito energético, una apreciación que dejaba abierta la opción de implementar al menos un recorte en las tasas de interés durante el año.

Los mercados financieros entendieron esas palabras como un indicio de que la Reserva Federal aún veía factible iniciar un proceso de flexibilización monetaria siempre que la inflación siguiera cediendo.

Al mismo tiempo, en Wall Street se intensificaba la expectativa de que Kevin Warsh, el candidato que Donald Trump respaldaba para suceder en algún momento a Powell, impulsara una postura de tasas más reducidas en caso de asumir la presidencia de la institución.

Sin embargo, el contexto cambió rápidamente.

El conflicto en Irán se prolongó bastante más de lo anticipado y empezó a provocar repercusiones económicas más amplias y duraderas; diez semanas después de su inicio, la percepción dentro de la Reserva Federal aparenta haberse tornado mucho más prudente.

En la última reunión del banco central, realizada a finales de abril, quedó patente la existencia de desacuerdos entre varios integrantes del comité de política monetaria.

Tres altos funcionarios manifestaron públicamente su desacuerdo con el tono de la declaración oficial difundida tras la reunión, en especial con la postura de conservar un sesgo expansivo que insinuara posibles recortes de tasas en el futuro.

Las voces que advierten sobre una inflación que podría prolongarse

Las presidentas de la Reserva Federal de Cleveland y Dallas, Beth Hammack y Lorie Logan, junto con el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, dejaron clara su preocupación respecto a la posibilidad de que la inflación vuelva a fortalecerse.

En sus comunicados difundidos tras la reunión, los funcionarios expresaron dudas sobre si la Reserva Federal estaba ofreciendo una claridad adecuada respecto al aumento del riesgo de que las tasas permanezcan altas por un periodo más prolongado o incluso vuelvan a incrementarse.

A pesar de que únicamente tres integrantes manifestaron sus discrepancias de forma pública, diversos economistas estiman que las inquietudes podrían estar mucho más extendidas dentro del comité.

El sistema de la Reserva Federal está compuesto por 19 integrantes, aunque únicamente 12 poseen derecho a voto en las decisiones oficiales de política monetaria. Esto significa que podrían existir otros funcionarios compartiendo la misma inquietud sin haber manifestado abiertamente su desacuerdo.

Analistas especializados en política monetaria sostienen que la división interna refleja la creciente dificultad de interpretar la evolución de la inflación en medio de un escenario internacional tan inestable.

La inquietud central se enfoca en cómo evolucionan las expectativas inflacionarias, pues si tanto los consumidores como las empresas empiezan a asumir que la inflación seguirá elevada por un periodo prolongado, podrían ajustar sus decisiones económicas de tal forma que los incrementos de precios acaben consolidándose.

Precisamente ese riesgo es uno de los elementos que más preocupa actualmente a varios integrantes de la Reserva Federal.

La influencia del conflicto en el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento

Uno de los aspectos que más ha complicado el panorama económico es que el conflicto en Medio Oriente ya no afecta únicamente al petróleo.

Las tensiones relacionadas con Irán comenzaron a alterar el acceso global a otras materias primas estratégicas, incluyendo fertilizantes, aluminio y helio, insumos esenciales para numerosas industrias.

El alza en el costo de estos materiales está llevando a empresas de múltiples sectores a reestructurar sus cadenas de suministro y a explorar estrategias alternativas para asegurar su abastecimiento.

Diversas compañías han comenzado a adelantar compras, diversificar proveedores y aumentar inventarios para reducir riesgos frente a posibles interrupciones adicionales.

Las encuestas empresariales más recientes muestran que muchas organizaciones consideran que la incertidumbre logística y de suministro volvió a convertirse en uno de los principales desafíos operativos.

La situación recuerda parcialmente las dificultades registradas durante los primeros años posteriores a la pandemia, cuando las cadenas globales de suministro sufrieron fuertes interrupciones que alimentaron presiones inflacionarias alrededor del mundo.

Un indicador que los economistas siguen con especial atención es el Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global, desarrollado por la Reserva Federal de Nueva York.

En abril, este indicador mostró un alza notable que lo llevó a su punto más elevado desde 2022, una variación que evidencia un marcado deterioro en las condiciones de suministro internacional y mayores complicaciones para trasladar o adquirir ciertos productos.

John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, admitió públicamente que el repunte del indicador pone de manifiesto serios inconvenientes en el desempeño de las cadenas de suministro globales.

El riesgo de una nueva ola inflacionaria

La posibilidad de que las interrupciones actuales originen una fase inflacionaria más prolongada inquieta especialmente a los responsables de política monetaria.

Lorie Logan señaló recientemente que el conflicto en Medio Oriente podría desencadenar interrupciones prolongadas o repetidas en los mercados de suministro, lo que a su vez intensificaría las presiones inflacionarias.

El problema para la Reserva Federal es que la inflación ya lleva bastante tiempo situada por encima del objetivo oficial del 2 %, lo que incrementa el riesgo de que consumidores y empresas comiencen a asumir niveles elevados de inflación como algo permanente.

Cuando sucede esto, la inflación deja de basarse solo en influencias externas y comienza a incorporarse en la dinámica habitual de la economía.

Las empresas comienzan a subir precios anticipando mayores costos futuros, mientras que los trabajadores exigen salarios más altos para compensar el aumento del costo de vida.

Ese proceso podría dar lugar a un ciclo complejo de revertir, forzando a los bancos centrales a sostener políticas monetarias más duras durante lapsos aún más extensos.

Así, varios funcionarios de la Reserva Federal estiman que el escenario actual exige actuar con mayor cautela antes de contemplar un recorte en las tasas de interés.

Las proyecciones inflacionarias continúan bajo estrecho seguimiento

Desde que comenzó el conflicto, las expectativas de inflación han pasado a ser uno de los indicadores que la Reserva Federal observa con mayor atención.

Jerome Powell ya había señalado en marzo que la percepción pública sobre la evolución futura de los precios influiría considerablemente en las decisiones del banco central.

La institución presta especial atención a las expectativas de inflación de largo plazo porque funcionan como una medida de confianza en la capacidad de la Reserva Federal para controlar los precios.

Si la población cree que la inflación será controlada eventualmente, las decisiones económicas tienden a mantenerse relativamente estables. Pero si la confianza se deteriora, el comportamiento de consumidores e inversionistas puede acelerar todavía más las presiones inflacionarias.

Hasta ahora, varios indicadores muestran que las expectativas de inflación de largo plazo permanecen relativamente estables.

Encuestas realizadas por instituciones como la Universidad de Michigan, la Reserva Federal de Nueva York y el Conference Board indican que gran parte de los consumidores todavía cree que la inflación terminará moderándose con el tiempo.

Neel Kashkari admitió hace poco que estas cifras ofrecen un respiro alentador para quienes se encargan de definir la política monetaria.

Sin embargo, algunos indicadores financieros comenzaron a mostrar señales menos favorables.

Entre los indicadores más relevantes figura la tasa de equilibrio inflacionaria a diez años, una referencia empleada para estimar cómo evolucionará la inflación futura según la percepción de los mercados financieros.

Este indicador alcanzó recientemente su nivel más alto en tres años, lo que generó nuevas dudas sobre la percepción de los inversionistas respecto al futuro de los precios.

El complejo reto de armonizar la inflación con el crecimiento económico

La Reserva Federal enfrenta actualmente uno de los escenarios más complejos de los últimos años.

Por un lado, necesita evitar que la inflación vuelva a acelerarse debido al impacto del conflicto internacional y las interrupciones de suministro. Por otro, un endurecimiento excesivo de la política monetaria podría afectar el crecimiento económico y debilitar el mercado laboral.

Las tasas de interés elevadas ya están generando presión sobre distintos sectores económicos, especialmente aquellos más dependientes del crédito, como vivienda, manufactura y pequeñas empresas.

Sin embargo, reducir las tasas demasiado pronto también podría resultar riesgoso si las presiones inflacionarias resurgen con fuerza.

Este delicado equilibrio explica las crecientes divisiones internas dentro de la Reserva Federal.

Algunos funcionarios consideran que la economía todavía podría soportar cierta flexibilización monetaria si la inflación continúa desacelerándose gradualmente.

Algunos sostienen que el conflicto en Medio Oriente ha transformado por completo el escenario y que la institución tendría que alistarse para sostener una posición más estricta durante un periodo prolongado.

Los mercados financieros permanecen alerta ante cualquier indicio

Las diferencias dentro de la Reserva Federal también están siendo observadas cuidadosamente por inversionistas y mercados financieros internacionales.

Las previsiones acerca de cómo podrían variar las tasas más adelante repercuten de forma directa en bonos, acciones, hipotecas y en las decisiones que toman las empresas.

Cualquier indicio de que la Reserva Federal pueda aplazar los recortes de tasas o incluso evaluar nuevas subidas tiene el potencial de provocar movimientos bruscos en los mercados.

Además, la incertidumbre relacionada con el conflicto en Irán añade una capa extra de complejidad al panorama financiero global.

Los precios del petróleo mantienen una marcada sensibilidad ante cualquier cambio geopolítico en Medio Oriente, mientras las empresas procuran ajustarse a un escenario internacional que se vuelve cada vez más incierto.

En este escenario, los discursos, los reportes económicos y las intervenciones de los miembros de la Reserva Federal pasan a tener un peso decisivo para los mercados.

Una política monetaria cada vez más condicionada por la geopolítica

La evolución reciente de la guerra en Irán demuestra hasta qué punto la política monetaria moderna depende también de factores geopolíticos.

Lo que al principio se percibía como un conflicto localizado terminó incidiendo de manera directa en la inflación, las cadenas de suministro, las proyecciones económicas y las decisiones sobre las tasas de interés de la principal economía del mundo.

La Reserva Federal se encuentra ante el reto de manejar riesgos que superan ampliamente los parámetros convencionales relacionados con el empleo y el gasto de los consumidores.

Mientras la guerra siga provocando dudas en torno al suministro energético, la provisión de bienes y la estabilidad mundial, es probable que las presiones sobre la política monetaria de Estados Unidos continúen intensificándose.

Por ahora, el banco central deja abierta la puerta a eventuales ajustes tanto al alza como a la baja, aunque las tensiones internas en aumento evidencian que alcanzar la estabilidad económica podría resultar un proceso bastante más arduo y extenso de lo que se creía hace solo unos meses.

By Elba Mota Ochoa

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